Durante más de dos décadas, su peculiar arquitectura y su comida cantonesa lo convirtieron en uno de los lugares más reconocidos del Centro de Torreón. Hoy, el inmueble ya no existe, pero su recuerdo permanece entre generaciones de laguneros.

Torreón, Coahuila.– Hubo una época en la que visitar el Centro de Torreón también significaba encontrarse con una construcción que difícilmente pasaba desapercibida: el Palacio Chino, ubicado frente a la Alameda Zaragoza, sobre la calle Donato Guerra.

Con su característica fachada inspirada en la arquitectura oriental, el inmueble se convirtió en parte del paisaje urbano de la ciudad y, para muchas familias, en el escenario de comidas, celebraciones y reuniones que con el paso de los años quedaron guardadas en la memoria.

El restaurante fue inaugurado el 18 de mayo de 1986, impulsado por Gilberto Chong y Tomás Chao López, con un proyecto arquitectónico realizado por Sergio Ledesma.

Su propuesta gastronómica estaba enfocada en la comida cantonesa, con platillos preparados por chefs de origen chino. Entre su oferta se encontraban especialidades de mariscos, costillas cantonesas y otros platillos de la cocina oriental.

Pero el atractivo del Palacio Chino no estaba únicamente en su menú.

El propio edificio llamaba la atención por su diseño, con elementos decorativos inspirados en la cultura china, techos de varios niveles y una combinación de colores que contrastaba con las construcciones tradicionales del Centro de Torreón.

Además de funcionar como restaurante, sus espacios eran utilizados para banquetes, reuniones y celebraciones, convirtiéndose durante los años ochenta, noventa y parte de los dos mil en un punto conocido por los habitantes de la ciudad.

Con el paso del tiempo, el restaurante dejó de operar. El inmueble permaneció cerrado durante años y posteriormente comenzó un proceso de deterioro que transformó aquel lugar lleno de movimiento en una estructura abandonada frente a la Alameda.

Finalmente, en diciembre de 2023 comenzó la demolición del Palacio Chino.

Aunque el inmueble no se encontraba catalogado como patrimonio histórico ni contaba con protección especial, su desaparición generó nostalgia entre numerosos torreonenses que lo habían convertido en parte de sus recuerdos personales.

Para algunos fue el restaurante donde acudían con sus padres; para otros, el lugar de una celebración familiar, una comida especial o simplemente una visita al Centro de la ciudad.

El Palacio Chino no alcanzó una antigüedad centenaria ni fue considerado oficialmente un monumento histórico. Sin embargo, su historia demuestra que el valor de un lugar también puede encontrarse en los recuerdos que genera entre quienes lo conocieron.

Hoy, frente a la Alameda Zaragoza, ya no se encuentra aquella peculiar fachada oriental.

Quedan las fotografías, las historias de quienes alguna vez se sentaron a sus mesas y una pregunta que suele aparecer cuando desaparece un sitio conocido de la ciudad:

¿Cuántos lugares más forman parte de la memoria de Torreón sin que nos demos cuenta hasta que dejan de existir?