Desde que nació, Punch fue rechazado por su madre y tuvo que ser criado por humanos, quienes le brindaron los cuidados y el cariño necesarios para salir adelante. Creció sintiéndose parte de ese entorno, rodeado de afecto y protección. Sin embargo, su historia dio un giro cuando intentaron integrarlo con otros monos en el Ichikawa City Zoo, en Ichikawa, Japón. Punch no logró adaptarse. No comprendía su nuevo entorno… ni los demás lograron comprenderlo a él. Desde entonces, su mayor consuelo es un peluche de orangután que le obsequiaron sus cuidadores. Lo abraza con fuerza y lo lleva consigo a todas partes, como si en él encontrara el único lazo con el amor y la seguridad que conoció desde pequeño. Navegación de entradas Lagunero Cristian Mijares participa en la mañanera presidencial