En lo alto de la ciudad, donde el viento golpea las ventanas antiguas y las sombras se alargan al caer la noche, se levanta la imponente Casa del Cerro, en Torreón. Sus muros, testigos del paso del tiempo, guardan un secreto que muchos prefieren no mencionar cuando el sol se oculta. La casona fue construida a finales del siglo XIX por el ingeniero Federico Wulff, pionero en el diseño de la ciudad y responsable de una de las primeras viviendas con agua entubada y electricidad. Pero entre el lujo y la modernidad de su época, nació también una tragedia. Cuenta la leyenda que una joven, hija de familia acomodada, se enamoró en secreto del jardinero. Un amor imposible, condenado desde el primer suspiro. Su padre, al descubrir la relación, la obligó a casarse con otro hombre para “salvar el honor”. La boda no trajo felicidad… solo desgracia. El nuevo esposo, consumido por los celos y la desconfianza, la vigilaba con mirada oscura. Hasta que una noche, en medio de una discusión, la empujó por las escaleras de la casona. El golpe seco contra el mármol resonó como un eco eterno. La joven murió allí mismo. Desde entonces, dicen que su espíritu jamás abandonó el lugar. Trabajadores y visitantes aseguran haber visto la silueta de una mujer vestida de época caminando lentamente por los jardines, como si buscara algo… o a alguien. Otros relatan pasos en las escaleras cuando el museo está vacío, susurros que se confunden con el viento y una sensación helada que recorre la espalda sin explicación. En redes sociales circulan videos y testimonios que alimentan el misterio. Algunos juran que en las grabaciones se distingue una figura blanca asomándose entre los ventanales. ¿Es solo sugestión… o la joven sigue vagando, atrapada entre el amor prohibido y la traición? La próxima vez que visites la Casa del Cerro, mira bien a tu alrededor. Tal vez no estés tan solo como crees. Navegación de entradas Mapimí y sus jóvenes: una realidad que invita a reflexionar