Screenshot

Pocas cosas generan tanta identidad en Mapimí como su tradicional feria. Cada año, las calles se llenan de visitantes, regresan paisanos que viven lejos y se fortalecen los lazos familiares y de amistad que caracterizan a este Pueblo Mágico.

Por eso era de esperarse que la propuesta de trasladar la Feria de Mapimí 2026 a la antigua Hacienda de Agua despertara opiniones encontradas.

Por un lado, están quienes consideran que la feria debe permanecer en la Plaza Principal, donde históricamente se ha realizado y donde generaciones enteras han construido recuerdos que forman parte de la identidad colectiva del municipio.

Y tienen razones para pensar así.

Las tradiciones son importantes. Son parte de la historia de los pueblos y ayudan a conservar aquello que los hace únicos.

Sin embargo, también vale la pena preguntarse si preservar una tradición significa necesariamente mantener todo exactamente igual para siempre.

Los pueblos crecen. Las necesidades cambian. Los desafíos evolucionan.

Mapimí no es el mismo de hace veinte o treinta años. Hoy enfrenta nuevos retos en materia de infraestructura, movilidad, servicios públicos y crecimiento urbano. Bajo esa realidad, resulta válido analizar alternativas que permitan mejorar la organización de eventos masivos sin perder la esencia que los caracteriza.

Uno de los puntos que más llama la atención es el relacionado con la capacidad operativa del evento.

Durante los últimos meses, han sido frecuentes las quejas ciudadanas relacionadas con el servicio eléctrico. Apagones, variaciones de voltaje y fallas en el suministro han sido tema recurrente entre habitantes y comerciantes.

En ese contexto, no parece descabellado pensar que una feria que demanda energía para juegos mecánicos, escenarios, iluminación y equipos de sonido requiera condiciones especiales para operar adecuadamente.

Si la nueva sede permite contar con una infraestructura más adecuada y reducir riesgos de afectaciones al resto de la población, se trata de un aspecto que merece ser tomado en cuenta.

Otro tema importante es la movilidad.

Quienes han vivido la feria saben que durante esos días el centro del municipio experimenta una importante concentración de personas y vehículos. Una sede con mayor espacio para estacionamiento y mejor distribución podría ofrecer una experiencia más cómoda tanto para visitantes como para habitantes.

Pero quizá el aspecto más interesante del proyecto sea el potencial de rescatar y aprovechar un espacio histórico que durante años ha permanecido subutilizado.

La antigua Hacienda de Agua forma parte del patrimonio de Mapimí. Sus estructuras, su historia y su ubicación representan una oportunidad para desarrollar un espacio que pueda albergar actividades culturales, sociales y turísticas durante todo el año.

No se trata únicamente de mover una feria de lugar.

Se trata de preguntarnos si un sitio con tanto valor histórico puede convertirse en un nuevo punto de encuentro para la comunidad y en un atractivo adicional para quienes visitan el municipio.

Por supuesto, también existen inquietudes legítimas.

Las preocupaciones relacionadas con el medio ambiente deben ser escuchadas y atendidas. Cualquier intervención en el área debe realizarse con responsabilidad y transparencia. La protección de los árboles y del entorno natural no puede quedar en segundo plano.

Sin embargo, también es cierto que diversos espacios del municipio han requerido durante años acciones de limpieza, mantenimiento y rehabilitación. Si este proyecto logra recuperar una zona que por mucho tiempo permaneció descuidada, el beneficio podría extenderse mucho más allá de una semana de feria.

Quizá el verdadero error sería reducir toda la discusión a una confrontación entre quienes están a favor y quienes están en contra.

Porque al final todos comparten el mismo objetivo: que a Mapimí le vaya bien.

La diferencia está en la forma de lograrlo.

Personalmente considero que vale la pena analizar esta propuesta sin prejuicios y con una visión de largo plazo. Las tradiciones son valiosas, pero también lo es la capacidad de adaptarse cuando existen oportunidades de mejorar.

La historia de un pueblo no depende únicamente de un lugar físico. Depende de su gente, de sus costumbres y de la manera en que decide construir su futuro.

Tal vez el reto para Mapimí no sea elegir entre tradición o evolución.

Tal vez el verdadero reto sea encontrar la forma de conservar ambas.